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Cuándo sospechar de una neoplasia en la cavidad nasal

Cuándo sospechar de una neoplasia en la cavidad nasal

Cuándo sospechar de una neoplasia en la cavidad nasal

Hay signos clínicos que vemos a menudo que tendemos a normalizar y ni siquiera nos planteamos una neoplasia de la cavidad nasal. Un perro con mocos, un gato con estornudos crónicos, una descarga nasal que no termina de resolverse…

El problema es que a veces, detrás de esos cuadros aparentemente banales, hay algo más serio. Las neoplasias nasales no son raras, pero sí silenciosas. Y si no se sospechan a tiempo, el margen de actuación se reduce drásticamente.

Los tumores nasales: qué son y cómo se comportan

En perros, los tumores más frecuentes en la cavidad nasal son los carcinomas (adenocarcinoma, carcinoma escamoso), seguidos de sarcomas. En gatos, el linfoma nasal es el que se lleva la mayoría de los diagnósticos.

En general, son tumores localmente agresivos. Destruyen hueso, invaden senos frontales y, si se les deja hacer, acaban extendiéndose a órbita o incluso intracranealmente.

La buena noticia es que, si se detectan a tiempo, hay margen de tratamiento. La mala, que en muchos casos no se diagnostican hasta fases avanzadas.

Signos que no deberíamos pasar por alto

No todo moco es rinitis. Pero diferenciar lo banal de lo preocupante no siempre es sencillo. La clave está en fijarse en el patrón clínico y su evolución:

  • Secreción nasal unilateral que persiste más allá de una semana, sobre todo si es sanguinolenta o purulenta.
  • Estornudos crónicos que no responden a antibióticos ni corticoides.
  • Epistaxis recurrente, especialmente unilateral.
  • Hinchazón en el puente nasal o asimetría facial.
  • Exoftalmos unilateral, dolor al palpar la cara, o deformación visible.
  • Ruidos respiratorios al inspirar, de causa no evidente.
  • Pérdida progresiva de apetito o peso sin otra explicación.

Cuando uno de estos signos se mantiene a pesar del tratamiento médico, toca plantearse que estamos ante otra cosa. Y cuanto antes lo hagamos, mejor.

¿Qué pacientes nos deben hacer estar más alerta?

Los tumores nasales no tienen una única cara, pero hay patrones que se repiten:

  • Perros adultos de razas dolicocéfalas, como labradores, pastores alemanes o golden retriever.
  • Gatos mayores con descarga nasal bilateral persistente y poco específica.
  • Pacientes con antecedentes de rinitis que nunca terminan de resolverse.
  • Animales con episodios de epistaxis sin traumatismo ni alteración en la coagulación.

Si a esto le sumamos una mala respuesta al tratamiento médico convencional, tenemos motivos de sobra para levantar la ceja.

Cómo investigar sin perder tiempo (ni paciencia del tutor)

En la primera visita puede que no tengamos acceso a imagen avanzada, pero hay pasos que sí podemos dar:

  • Hacer una exploración minuciosa, incluyendo cara, nariz, boca y ojos.
  • Tomar una buena historia clínica, con duración, progresión y tratamientos previos.
  • Pedir un hemograma completo, bioquímica y coagulación si hay epistaxis.
  • Hacer radiografías de cráneo si no hay acceso a TAC. Aportan poco detalle, pero pueden dar pistas.
  • Proponer TAC + rinoscopia + biopsia como siguiente paso lógico si el cuadro se repite o empeora.

Muchos tutores no están preparados para oír “neoplasia” en la primera consulta. Pero sí podemos ir sembrando la idea de que “hay que investigar más” si el tratamiento habitual no está funcionando. Y hacerlo con honestidad y claridad, sin alarmar, pero sin retrasar decisiones.

Diagnósticos diferenciales que hay que tener en cuenta

No todo lo que sangra o estornuda es un tumor, claro. Pero si el cuadro se alarga, hay que descartar también:

  • Cuerpos extraños (más en jóvenes)
  • Rinitis fúngica (aspergillus, sobre todo en perros)
  • Rinitis bacteriana crónica
  • Fístulas oronasales por problemas dentales
  • Poliposis nasal (más en gatos jóvenes)
  • Coagulopatías o hipertensión

El tiempo y la evolución clínica son grandes aliados para diferenciar un proceso inflamatorio de uno neoplásico. Si el cuadro mejora y recae una y otra vez, o si nunca llega a mejorar del todo, la sospecha oncológica gana peso.

Cómo comunicar con el tutor

Este punto es clave. Muchos tutores piensan que un perro con mocos o un gato que estornuda es algo sin importancia. Nuestro papel es explicar que:

  • Cuando los síntomas no se resuelven con tratamientos básicos, hay que ir más allá.
  • A veces el problema no está en la mucosa, sino en lo que hay debajo.
  • Cuanto antes sepamos qué ocurre, mejor podremos actuar.

La comunicación tranquila y progresiva ayuda a que el tutor entienda que no estamos vendiendo pruebas, sino buscando una respuesta útil.

Tabla resumen: cuándo levantar la sospecha

Hallazgo clínico Cuándo preocuparse
Mocos unilaterales Si duran más de 10-14 días y no mejoran
Epistaxis Si es recurrente, sin coagulopatía ni traumatismo
Estornudos crónicos Si no hay respuesta tras antibióticos/corticoides
Hinchazón nasal Si hay deformidad visible o asimetría
Exoftalmos unilateral Si no hay masa ocular ni traumatismo evidente
Dolor al palpar la cara Si se acompaña de secreción nasal o deformidad
Pérdida de apetito o peso Si coincide con signos respiratorios superiores

Conclusión

Sospechar de un tumor nasal no significa hacer un TAC de primeras a todo animal que estornude. Significa tener el radar encendido, especialmente cuando lo que debería mejorar, no mejora.

El tiempo es un factor decisivo en estas patologías. Y aunque el pronóstico no siempre será bueno, llegar a un diagnóstico a tiempo da opciones. A veces curativas, otras paliativas, pero siempre mejores que el limbo de la incertidumbre.

Referencias

  • Kent, M. S., & Meleo, K. A. (2016). Canine Nasal Tumors: Diagnosis, Treatment, and Prognosis. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 46(6), 1139–1152.
  • Llera, R. M. (2022). Neoplasias de cavidad nasal en caninos. ONKOS.
  • McEntee, M. C. (2013). Tumors of the respiratory system. In Withrow & MacEwen’s Small Animal Clinical Oncology (5ª ed.).
  • Reinero, C., et al. (2019). Diagnostic approach to chronic nasal discharge in dogs and cats. Journal of Veterinary Internal Medicine, 33(6), 2651–2666.
  • RIDAa UNICEN (2021). Revisión sobre neoplasias nasales en caninos.

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Raquel Rivas

Raquel es una veterinaria licenciada en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en varios hospitales del área metropolitana de Barcelona, donde sus principales áreas de trabajo han sido medicina interna, urgencias, UCI y hospitalización. Ha cursado posgrado de Medicina Interna acreditado por la Universidad Católica de Valencia (UCV). Actualmente forma parte del equipo de Medicina Interna del hospital en el que trabaja, en Barcelona.

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